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¿Ver Los Animales: Derecho o Privilegio?

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Kindly translated from the original English by Liliana Rincon Tami La semana pasada, alguien que no conozco, escribió una larga misiva de suposiciones, acerca de mis opiniones sobre los zoológicos. Tal como era de esperarse, fue extremadamente crítico. No entendió las razones por las que sostengo mi punto de vista sobre los establecimientos que mantienen animales cautivos. Supongo que ese es el resultado de tratar de escribir con autoridad, sobre alguien que ni siquiera conoce. No siento la necesidad de responder con detalle a su carta; entre otras cosas, porque en la mayoría de los casos he escrito lo suficiente, como para que mis opiniones al respecto estén expuestas claramente. Sin embargo, Una de sus preguntas, tocó una fibra muy sensible; una fibra que creo, toca a todos aquellos que nos oponemos al cautiverio.

La pregunta exacta del autor fue: "Deberían ser los niños adinerados, los únicos que pueden ver a un León?

Su pregunta estaba basada en la siguiente premisa: No todas las familias están en capacidad de ir a un safari y ver los animales en la selva -- y por lo tanto esto significaría que "solo los niños adinerados" podrían ver un León de verdad, a menos que los no tan adinerados fueran a un zoológico. Esta afirmación se hace cada vez mas explicita en la carta, hasta el punto de hacer pensar que todos tenemos el "derecho" de ver los animales salvajes, sin importar en lo mínimo, el sufrimiento que padecen solo para que podamos verlos. Y equivocadamente sugiere entonces, que los zoológicos existen para que los niños pobres puedan ver los animales salvajes y que todos los que se oponen a los zoológicos están discriminando a estos niños.

Antes de abordar este punto, permítanme contarles algo sobre mi padre (Volveré al tema principal en unos renglones, lo prometo)... Mi papa tiene 65 años y nació y se crio en Manchester, una ciudad al norte de Inglaterra. Él es un fanático de toda la vida del equipo de futbol Manchester City. Él los ha acompañado en las buenas y en las malas con su equipo. Nunca ha dejado de apoyarlo, incluso durante décadas, cuando la mayoría de los seguidores estaban rendidos. Él ha viajado por todo el país para verlos, incluso ha visto los partidos en el lado del equipo contrario, cuando no ha encontrado boletas del lado de su equipo y valientemente se ha arriesgado a animar a su equipo desde allí; a pesar de las suplicas de mi madre pidiéndole discreción. Cuando no consigue los boletos, se pega al radio o al televisor para asegurarse de no perderse ni un segundo. En resumen, Él ha dedicado su vida en los últimos años a su equipo.

En todos estos años de apoyo, mi padre nunca había asistido a un partido en su propia ciudad; a pesar de que mi madre y hermano lo habían animado siempre a asistir. Mi padre es muy generoso cuando se trata de otros, pero se resiste a serlo con el mismo cuando se trata de comprar la entrada para él, en su ciudad (y la verdad es que realmente el precio es desorbitado)

Él estaba satisfecho con asistir a los partidos en otras ciudades cuando podía y seguir los otros por televisión o radio. No estoy segura que paso en esta temporada --- tengo la sensación de que mi hermano tuvo mucho que ver-- pero por primera vez en 65 años de apoyo inquebrantable, mi padre es hoy, el orgulloso propietario de su boleta de entrada a la temporada de juegos en su ciudad. Él ha estado asistiendo sagradamente a cada partido. ¡No puedo estar más feliz por el!

Ese es mi padre. Y ahora regreso al tema en cuestión. Ahora déjenme contarles un resumen de mi experiencia observando animales en su ambiente natural.

Hace 10 años, deje un trabajo estable en Londres para ir a trabajar a un centro de rescate de micos que habían sido utilizados como mascotas en el sur de Inglaterra. Mis días consistían en limpiar los recintos donde permanecían los micos, y estar pendiente de estos increíbles seres que clamaban ayuda. Trabaje en proyectos de educación ambiental para animar a la gente a pensar y comportarse con más consideración hacia el medio ambiente y los animales que lo habitan y aprender todo lo que pude acerca de "la selva". Vivía en una casa compartida (que estaba bastante bien por que antes, tuve que vivir en una casa carro con goteras hasta que conseguí mi propia habitación) El pago era solo parcial, relacionado con el numero de horas que trabajaba (tiempo completo) pero no me quejo y tampoco lo hacían mis increíbles colegas, simplemente era lo que era y ya.

Tres años después, tome la decisión de trasladarme a Colombia para trabajar con una organización fundada por un grupo de conservacionistas de primates que trabajan en equipo con una comunidad Indígena de la región. De nuevo ese trabajo era prácticamente sin remuneración y yo tenía que sobrevivir así los dos años siguientes. Utilicé mis propios ahorros que se esfumaron rápidamente, vivía de una manera totalmente diferente a como vivía en Londres, pero vivía intensamente para poder alcanzar mi sueño.

Durante tres años, estuve trabajando en Inglaterra con monos lanudos (que son en mi opinión la especie de primates más increíble) y durante esos tres años nunca había visto estos animales libres en su entorno, en la selva. Yo tenía la esperanza, contra toda esperanza, de tener esa oportunidad en mi nueva vida.

Fue seis meses después de haber llegado a Colombia que mi deseo se hizo realidad. Estábamos en medio de un viaje agotador de diez días, evaluando un área desconocida del bosque, para determinar las posibilidades de sobrevivencia, al liberar los animales rescatados por las autoridades ambientalistas. Esa mañana en particular, estábamos agotados. Yo había estado cargando mi morral de 36 kilos en mi espalda, durante 8 horas diarias, todos esos días, en terrenos realmente difíciles. Mi espalda y mis rodillas me estaban matando, había estado lloviendo fuertemente toda la noche y no habíamos podido cambiar nuestro campamento a un terreno más alto antes del aguacero, terminamos durmiendo cinco personas apretujadas, bajo un mosquitero, en el único espacio medio seco del lugar. A eso de las 7:00 de la mañana, por fin la lluvia cesó. Jhon quien es uno de los amigos que trabajaba para el centro de rescate, fue por leña seca para hacer una fogata y poder tomar café caliente antes de volver a iniciar nuestro recorrido. A los pocos minutos volvió con una sonrisa inmensa y dijo solo una palabra: "Churucos". Esa palabra mágica para mí en ese momento, se refiere al nombre local para mis adorados micos lanudos.

Todos nos olvidamos del café, nos pusimos tan rápido como pudimos las botas empantanadas y aun en pijama, seguimos de cerca a Jhon.

Sorprendentemente a solo 20 metros de donde habíamos pasado una noche miserable, una tropa de cerca de 20 micos lanudos también se había refugiado allí y se estaba despertando para iniciar su día. Como en la zona donde nos encontrábamos es muy poco frecuentada por humanos (lo que significa no cacería), Los micos no se asustaron cuando nos vieron y al contrario se mostraron muy curiosos y bajaron de los arboles. De repente me encontré de frente, cara a cara con una enorme y bella hembra que cargaba a su bebe en su espalda. Nos observamos serenamente --- ella con simple curiosidad, yo absolutamente maravillada. Lloré, sorprendiendo a Simón, otro de mis compañeros de la comunidad indígena, porque para el, los micos lanudos son una parte vagamente interesante de su mundo. Yo nunca olvidare por el resto de mi vida ese momento. No pasaron más de 10 minutos cuando la tropa tomo su camino y nosotros regresamos al campamento para continuar con nuestro día. Sigue siendo uno de las experiencias más valiosas de mi vida.

En los dos años restantes que pasé en el país, volví a ver Churucos, sólo una vez más, a pesar de tener temporadas de pasar meses en la selva. También tuve la suerte de ver monos capuchinos, monos saki (voladores), monos tití, monos ardilla, monos nocturnos, delfines rosados de río, delfines de río gris, caimanes, un tapir, así como varias serpientes, arañas y otros animales salvajes increíbles. Pero he experimentado todo esto, no porque yo sea millonaria; Yo lo viví porque sigo la meta de mi vida: trabajar con y para estos animales y su protección. Al igual que mi papá y su equipo de fútbol, trabaje por ese momento - que no fue entregado a mí en una bandeja. Y como mi padre, que se deleita ahora viendo a su equipo amado, nunca he considerado mis experiencias de ver a los animales en la naturaleza como un derecho. Es un privilegio.

Mis padres siempre me hicieron saber claramente que debo ganar lo que quiero; ya sea posesiones materiales u otras cosas intangibles como la confianza y el respeto. Se anima a la mayoría de los niños a esforzarse por alcanzar su potencial - yo personalmente no conozco ningún padre que trate de inculcar a sus hijos que tomar atajos a costa de otros es un "derecho" o que todo lo que queremos se debe postrar a nuestros pies si gritamos lo suficientemente fuerte. Y sin embargo, esto es exactamente el argumento que discuto, no sólo por el autor de la reciente carta sobre mí y mi postura "anti-cautiverio", sino por tantas personas que han defendido los zoológicos con el argumento de que es "el derecho de sus hijos "para ver animales salvajes en la vida real - incluso si eso significa que ese animal es encarcelado durante toda su vida para que ese" derecho "sea cumplido.

Así que (¡por fin!) Regresando a la pregunta: "¿Deberían los niños adinerados, ser los únicos que puedan ver a un león?" Creo que es simplemente la pregunta equivocada. En mi opinión, esto no es cuestión de dinero; se trata de compromiso, donde debemos considerar nuestras prioridades y tener la capacidad de reconocer la diferencia entre un derecho y un privilegio.

En mi opinión, los niños que quieran ver un león deben ser los niños que aman leones, tanto que busquen la manera de hacer que suceda. Puede que no ocurra cuando sean niños, pero si de verdad lo quieren, estarán dispuestos a hacer sacrificios con el fin de lograr su objetivo, entonces es probable que suceda en algún momento de sus vidas. Incluso si no es así, seguramente ese niño, en realidad, no sufrirá como resultado de no tener la experiencia.

Me encantaría ir a un safari y ver leones y elefantes en su ambiente natural, pero ahora no puedo financiar un viaje así y además mis compromisos actuales de trabajo no me lo permiten. Tal vez nunca vea un elefante o un león en la selva, pero está bien. Sé que si alguna vez tengo esa oportunidad, será tan intenso como esos momentos fugaces que viví, cuando me encontré, en pijama y botas de agua en medio de la selva amazónica, con la mirada fija en mi propio sueño hecho realidad.

Ya sea que su sueño sea ver a un león en la selva, o estar en el estadio, entre la multitud, justo cuando su equipo predilecto mete un gol; si vale la pena soñar, vale la pena trabajar y esperar. El cumplimiento de nuestros sueños es un privilegio, no un derecho.